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martes, 25 de septiembre de 2012

Me senté a escribir sólo porque ya no te soportaba dentro de mi cabeza. Me daba bronca encontrarte a cada instante. No me dejas en paz. Incluso cuando sos una proyección de vos mismo dentro de mi. Me miras de reojo. Sonreís victorioso. Otra vez me llevaste al punto del desquisie. Hace más de un año que estamos así, y seguís pudiendo ganar. Te miro con odio.
_Cuando me vas a dejar en paz?
_Cuando sepas dejarme ir.
_Ya lo hice!
_parece que no. - Y se ríe entre dientes. Odio que haga esas cosas. Me enferma y quema la sangre dentro de mi, me arden las venas. De apoco fue consumiendo mi interior. Sólo me observa, pero ya no quiero que lo haga más. Me molesta. Los nervios se alojan una vez más en mi estomago. Pesan.
_ Por qué no podes acostumbrarte a esto? - Y lo dice con esa dulzura tan repugnante que da unas nauseas insexplicables, mientras que sin reparse en mi reacción se sienta al lado mío y toma la mano que tengo libre.
_Porque no me gusta.
_pero, ¿ por qué? Eras feliz conmigo, me pediste que nunca te deje.. y acá estoy para nunca abandonarte- Y sonreis otra vez. Eso me molesta más que nada. Tu sonrisa venenosa.
_Pero.. es que ahora quiero que te vayas.
_Ya no puedo. Porque ya soy más parte de vos que yo mismo.
_Sólo quiero que te vayas. Andante, no quiero verte más-
Siempre lo mismo. Otra vez lo mismo. Las lágrimas corren por mi rostro. Y ya no lo quiero mirar. Javier es así. Siempre lo fue. Tan sádico a la hora de querer a alguien, y no se detiene. Suelta mi mano y coloca la suya en mi mejilla, me obliga a mirarlo.
_No llores.
Ya no quiero estar ahí. No más, no con él. Me levantó y me voy, y a mis espaldas todo se desvanece, incluso él.

viernes, 21 de septiembre de 2012

8. Las viudas de santo domigo

Ese fue el problema. Al principio tu abuela, perla no decía nada. Siguió su vida como si nada y  yo seguí viendola traer a sus hijas a jugar a la plaza. Todavía María y tu mamá no habían nacido. Al poco tiempo quedó embarazada, por cuarta vez, y el tipo emezó a sospechar, pero no dijo ni hizo nada. Pasaron dos, o tres años así. Hasta que un día, tu abuela, me confesó su amor, como también confezó lo imposible que sería. 'somos un error del destino Adrián esto no puede ser. Perdoname' Lo repitió una y otra vez. Y cuando nos quisimos dar cuenta estabamos los dos entrando a mi habitación, para poder saciar nuestras incansables ganas del otro. Era normal que una mujer así buscara un escape como un engaño. Oscar no le daba ni pelota, y nuestros encuentros se empezaron a repetir. Descuído todo por mi culpa. Ahora me arrepiento. Sí no fuera por esa vez que se olvidó de ir a buscar a las chicas, Oscar jamás hubeira sospechado nada. Tu mamá ya había nacido para ese tiempo. Tenía un par de meses. El tipo este, estaba loco, y nosotros cometimos el estúpido error de probocarlo. No me arrepiento de nada que haya vivido con tu abuela, pero.. si lo hubieramos evitado..- Se le quebró la voz. Suspiró. Yo sabía como terminaba la historia, y me hubiera gustado tener el valor para decirle a Adrián que no importaba, que dejará acá, pero su relato me había tragado, y era como si todo estuviera sucediendo otra vez delante de nosotros. Adrián me miró con los ojos llenos de lágrimas, y volvió a hablar- Oscar contrató un tipo para que siguiera a tu abuela, descrubrió todo, y un día sin decir nada no fue a trabajar. Se quedó en la casa. Ella había arreglado conmigo para vernos. Él estaba completamente fuera de sí. La molió a golpes. Cuando yo llegué la casa estaba patas para arriba y ella tirada en el piso de la cocina, sangrando. Apenas podía moverse. Las nenas no estaban por ningún lado, y empezaba a temer lo peor. Me acerqué a ella, y solo en un susurro me dijo ''llevatelas adrián, él cree que no son sus hijas. Las va a matar. Llevatelas. Vos podes hacerte cargo de ellas'' . Yo no tenía donde caerme muerto, y ella se estaba muriendo. Las cinco hermanas, quedandose sin madre, y yo tenía que arrancarlas de su padre.
_pero.. Perla- Intenté decirle. Ella sólo negó con la cabeza y tomó mi mano. A penas le quedaban fuerzas, tenía el cuerpo lleno de moretones, y el pelo inundado de sangre.  Sus lágrimas y las mías no paraban de caer, y parecía que hacían un estruendo. La tenía que dejar. Tenía que dejarla antes de que él volviera, tenía que dejarla morir, para salvarlas a ellas, que eran lo único que quedaba del amor de mi vida. Apreté su mano con fuerza. Y le pregunté donde estaban las chicas, y antes de levantarme y por ultima vez mirarla a los ojos, quise despertar en mi cama agitado, descubriendo que todo era una  pesadilla, pero para mi desgracia no sucedió. Le dije que la amaba, y ella me rogó que nunca la olvide. Me levanté, encontré a las chicas aterradas en el sotano. Olga tenía a Laura en brazos, Ema a María y esther estaba agarrada de las dos hermanas mayores. Cuando me vieron sonrieron, ellas me conocían. Olga no tenía más de siete años, pero era re viva. Ya sabía como eran las cosas. Nos fuimos, los seis, para el barrio. Mi mamá cuando llegué con cinco nenas, se espantó, pero nos las arreglamos. Oscar nunca las encontró o no se preocupó por buscarlas. Era una historia difícil de contar a unas nenas, así que preferimos inventar otra. A oscar lo borramos del mapa, y tus tías me adoptaron de padre. Tu abuela en teoría habría muerto en el parto de su última hija. Tu mamá creyó que su  papá durante muchos años, hasta que un día la estúpida de Estela por pelearse conmigo le contó la verdad. No quiso vernos nunca más, y se fue con él tipo ese que se hace llamar tu papá. La familia de tu abuela es así, es bien jodida. Al principio, me odiaban.. principio.. por como cuarenta años me odiaron. No lo dijirieron nunca el tema. Supongo que tampoco es algo fácil de dijerir, no?.
El sol nos encontró desprevenidos, el cielo se había aclarado en silencio mientras que la voz Adrián resonaba.
_Vamos, tenemos que irnos nena.
No le iba a pedir a Adrián que a estas horas y con el cansancio que yo sola asumí que tenía me llevara a casa. Llamé por el celular a un amigo Valentín, que sabía que vivía mucho más cerca de ahí que yo. Como una hora más tarde llegamos a la puerta de su departamento, yo me bajé, y adrián se fue. Valentín bajo en pijama a abrirme.
_Linda hora para visitarme eh?-
_Perdón, es que no tengo donde dormir.
_¿Cuantas veces tengo que decirte que podes mudarte conmigo?
_No se.
_¿Es por el imbecil de santiago?
_No.. me pelee con él.
_Entonces tenes que ponerme un poco al tanto de todo. Me perdí varios cápitulos de tu vida. - Se rió entre dientes, y entramos al departamento. Era bastante chico, pero para ser una sola persona la que vivía ahí, estaba más que cómodo. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Vos entendiste que yo no era perfecta, ni mucho menos. Aceptaste todo lo que era, permaneciste ahí cuando nadie más lo hizo. Me escuchaste gritar de furia, reirme a carcajadas y llorar desconsolada. Me encontraste en la más eterna oscuridad, en la claridad que cega, me encontraste siempre a mi misma, cuando quise dejar de serlo. Me hallaste a mi, y supiste respetar todo lo que soy, aún cuando hubo veces en las que arrazó con vos. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

7- Las viudas de santo domingo.


II
Viajar en el tiempo

_¿Queres saber por qué?
_Sí.
_¿Le preguntaste alguna vez a tus tías?
_No.
Se quedó callado.  Prendió la vieja camioneta de vuelta, dio una vuelta en una subida de auto  y cambiamos de dirección.
_ ¿A dónde vamos?- pregunté
_ A viajar en el tiempo.- Contestó con una sonrisa picara. Sabía que yo lo iba a entender.
Anduvimos por una hora por una avenida bien iluminada. Llegamos a una localidad que yo no conocía. Jamás había antes estado ahí. Dio un par de vueltas, y se estaciono  en frente de la plaza principal. Bajamos. Hacía calor, aún cuando estaba bien entrada la noche.  Lo seguí en silencio.  Nos sentamos en uno de los bancos. Podíamos ver toda la plaza desde ahí. Adrián se quedó mirando el lugar con los ojos cargados de melancolía. Paso un rato hasta que abrió la boca y comenzó a contarme.
_Yo no soy tu abuelo.. porque tus tías, no son mis hijas. – Lo miré sorprendida pero no dije nada. Quería que él continuara su historia- Yo… concí a tu abuela hace más de sesenta años. Acá. En esta plaza.  Era la hija del intendente y yo un vendedor ambulante. Ella estaba comprometida con un tipo rico de acá, Oscar algo.. no me acuerdo bien su nombre, y sin embargo, nos enamoramos de nada

6. Las viudas de santo domigo


A Adrián le encantaba manejar de noche. No se bien porque. Cuando era chiquita, me contaba historias en las que decía que cuando uno manejaba por ciertas calles de buenos aires por las noches, podía viajar en el tiempo. Siempre tuvo ese ingenio sorprendente para sus historias, y yo que permanecía todavía en la feliz infancia me lo comía con los ojos cada vez que me contaba esas historias. Un día dejo de contarlas, y al siguiente, yo dejé de pedirle que me las cuente. Cuando me quise dar cuenta, ya mis primos se habían ido lejos. Mis tías estaban deprimidas y se juntaban para reírse de si mismas, y yo, tomé un lugar en la mesa. Sólo escuchaba, y después también empecé a opinar, pero no tenía mucho que contar.
Así se nos escurrió el tiempo entre los dedos, y a veces pienso que la casa esa tiene algo raro, nos hizo a todos refugiarnos ahí. A todos no. A los que quedamo, pero parecía sólo haber dos opciones. O te quedabas ahí o te marchabas para no volver nunca más, pero lejos o cerca de ella tu suerte no iba a ser muy distinta.
Miré a Adrián, tenía más de ochenta años y a veces, parecía más joven que yo. Me reí para mis adentros. No hablaba él. Era le primera vez en años que me quedaba sola con él, y siempre había esperado este momento.
_Adrián..-corté el silencio. Él me hizo un gesto con la cabeza para indicarme que me estaba prestando atención.- Por qué mis tías te dicen papá pero yo no soy tu nieta?.
De repente frenó el auto. Me miro un instante. 

5. Las viudas de santo domingo


No habíamos ido porque nos dolía que Estela (Que yo seguía sin saber quien era) se había marchado. Habíamos ido pura y exclusivamente para que después no soportar a nuestras otras tías llamando por teléfono para averiguar por qué no habíamos ido, y tratando de meter púa.
Nos quedamos varias horas recostadas sobre el pasto de la plaza, ya era de noche.  Adrián venía a paso lento a donde estábamos.
_Vamos?- preguntó-
Ninguna contestó. No hizo falta. Nos levantamos y nos fuimos, sin saludar a nadie. No valía la pena seguir careteándola. Desde la puerta de la casa de velatorios, Yolanda nos miraba con una mueca sumamente venenosa. Yo preferí no mirarla. Mis tías eran más peleadoras que yo. Le mantuvieron las tres la mirada hasta que ella se rindió y entró.
_Por suerte, hasta el próximo funeral no las vemos
_ Siempre tan positiva vos Olga.. Te vas a arrugar si seguis siendo tan amarga..
_Adrián, ya estoy arrugada. Estoy vieja y no me queda mucho.. ya lo sabemos.
_Tía.. viejos son los trapos.
Subimos al auto en silencio. En mi familia siempre se podía notar ese humor negro, pero yo tenía una teoría sobre ese amargado humor.
Nosotros nos reíamos porque nos acostumbramos a esto, a reírnos para no llorar. Nos acostumbramos a que con nuestra risa, le podíamos hacer cosquillas a todo el mundo, y así nadie sufría. Nos convencimos que nosotros tampoco lo hacíamos, y así pasaron los años y nos seguimos juntando. Todos los días en el mismo lugar. Para contarnos lo que ya sabemos, para convencernos de que esta vez aprendimos y no íbamos a volver a creer las mismas mentiras de siempre. Nos juntamos a fabricar una realidad mejor de la que tenemos, a creer que tal vez había un mejor mañana para las viudas de santo domingo, y yo, la más chica la última generación.  En esa mesa, que nos vio a todos llorar, reir y demás. Nos acostumbramos a que a pesar de que doliera todo, de que nuestra familia estuviera tan dividida, y las historias personales no eran un cuento de hadas, buscábamos la forma de que sonara como un mal chiste.
Cuando llegamos, Ema, María y Olga estaban muertas del cansancio y en la puerta de la casa de Adrián se despidieron y se fue cada una a dormir.
_Yo me voy a casa- les dije.
_No vas a ir sola a esta hora- protestó Adrián.
_He ido más tarde
_No me improta. Subí a la camioneta otra vez, que te llevo.
_No hace falta, en serio.
_ Vos subí que no tengo sueño. Vamos.

4- Viudas de santo domingo


_Le avisate a tu mamá nena?
_.. ¿Para qué le va a avisar si ya la conoces a Laura? No se haría cargo de que la conocía..
_Ema, no seas así. Es su tía la conocía.. debería ir, respeto a la familia y al nombre que tiene.
_ Pero sabes bien que su madre no se hace cargo de nada de eso. Seguro está muy orgullosa en su gran mansión con amigos de su ‘clase’ y bien se olvido de que ella creció acá.
_Tema de Laura si quiere o no venir, ustedes no sean dos nenas peleandose y demuestren la edad que tienen. Al final, la nena se porta mejor que ustedes…
_Adrián, ya no soy una nena.. tengo veinte años.
_Para mi siempre vas a ser ‘la nena’- dijo y sonrío con dulzura. Adrián era un persona muy fría, y jamás se le escapaba el afecto. De hecho era una de las pocas veces que lo veía expresar algo de cariño.
No se cuanto tardamos a decir verdad en llegar a Castelar, se que me quedé dormida en cuanto me subí a la camioneta de Adrián. Un viejo trasto, que se caía a pedazos pero que nos llevaba  a todos lados. María me despertó cuando llegamos.  Ester no había venido, estaba trabajando.  Bajaron mis tres tías y Adrián. Me quedé unos minutos más para tratar de con algo de maquillaje tapar mi cara de abatida en la vida, pero después pensé que pegaba mejor con el escenario y dejé de preocuparme tanto por ese tema.
Adrián fue el único que no se quedó afuera, entró a saludar a todos. La prima ‘Yoli’, estaba en la puerta mirando a través de esos anteojos tan horribles quienes Venían o no al funeral de su madre.
_ Y tu mamá Belena?- me sorprendí cuando me reconocieron.
_Eh… Está trabajando…
_ O no quiso venir..
_yo…
_Y si.. tu mamá nunca quería venir a las reuniones familiares. Ni a las lindas, ni a estas. Siempre se escapó bastante de nosotros. Le damos asco.. ¿Sabes por qué?
_Eh.. No.
_ Porque nosotros no somos como ella.. somos ‘de la plebe’. Bah, pavadas..
_Yolanda, anda cortandola que Belena no te hizo nada. Vení nena. Vamos a la plaza con tus tías.
_Olga, siempre tan tosca vos ..
_Y vos tan desubicada.
Crucé la calle con ella, y por impulso, le tomé la mano. Cruzamos juntas. Me sentía pequeña ahí. Ema y María estaban acostadas en el pasto húmedo. Se habían sacado los zapatos.
_ Que bodrio esto- comento Ema mientras prendía un cigarrillo.
_ Y es un velorio, ¿qué esperabas?-
_Tenes razón Olga, pero esta gente, encima me caen pésimo.
_ Si, nunca nos llevamos bien.
_ Por qué?- Me atreví a preguntar.
_No sabemos bien porque. Él que sabe es Adrián. Nosotras ya de chicas tenemos ese roce. Viste como son los grandes. Ellos tienen quilombo, te lo inculcan y te queda en las venas. Que se yo. Jamás tuve un tema personal con Yolanda o sus hermanos, pero nos llevamos pésimo.
_Y nunca lo hablaron?
_Antes no se hablaba nena. Las cosas eran así y punto. Vos sos de otra época.
Olga simpre tenía esas respuestas, pero era verdad. Yo era de otra época. Era mucho más joven que ellas y había vivido otras cosas. Yo si me animaría a cuestionar lo impuesto, en cambio, ellas debieron crecer en el silencio y una ribalidad infudada en la familia.

3. Viudas de santo domingo.


 De apoco, fuimos enloqueciendo todos un poco, aún cuando no lo quisimos ver y nos habíamos atado a la cordura como si no hubiera un mañana, ahí estabamos sujetos a la nada misma, cayendonos al abismo. Ya no había nada por lo que permanecer cuerdo, y sin embargo volverse loco no era un lujo que todos nos podíamos dar. Yo sí, sabía que si terminaba de desquiciarme iban a esconderme en algún oscuro rincón del enorme departamento que tenían mis viejos en  recoleta y cada vez que alguien  preguntara por mi contestarían que estaba de viaje en algún exótico lugar, y cambiarían en seguida de tema.
Con mis tías pasamos largas tardes imaginado qué podíamos hacer por desaparecer del mundo y a la vez permanecer en el. Adrián se cansó rápido de escucharnos, y antes de que nos dieramos cuenta, un día completamente fuera de sí nos dijo que dejemos de habar boludeces, que ya estabamos grandes que si seguíamos juntando para hablar de esas cosas, él jamás volvería a abrirnos las puertas de su casa. Todas nos callamos. Me sentí cohibida, incomoda. A los cinco minutos me encontré caminando a la estación para volver a casa. Jamás entendí porque nunca fui capaz de ir en auto a lo de Adrián o a lo de mis tías, siendo que hacía  tres años que tenía auto propio y registro, siempre fui y vine en tren y colectivo. De hecho, después de que a los once aprendí a viajar sola, dejé de permitirle a mamá que me alcanzara a unas cuadras de sus casas. Ella no se molesto. Tampoco le gustaba ir.
Era una de esas tardes de primavera en las que hace calor y llueve más no poder. Se había cortado la luz para variar y como siempre rogábamos que no se inundara la casa y que lo que llovía adentro no fuera suficiente para dar comienzo a una inundación, cada media hora y menos también cambíabamos los tachitos donde acumulábamos el agua que entraba de las goteras.
Sonó el teléfono. Adrián dormía. Estabamos Olga, Ema y yo en la cocina. Nos miramos. Olga se levantó y atendió. Hablo no más de dos minutos, y colgó.
_Era la prima Yolanda.
_Yolanda? - pregunté, teníamos muchos familiares y conocía menos de la mitad.
_Si, la hija de Estela.
_Qué quería?- Preguntó Ema desganada. Hasta donde sabía no se llevaban muy bien con ese lado, pero no sabía bien porque.
_Tenemos un funeral.
Adrián desde la otra punta de la habitación apareció con cara de dormido y la almohada marcada todavía en su rostro lleno de arrugas, y unas ojeras que parecía que jamás se iban a borrar. Preguntó irónico:
_Qué divertido. ¿De quién?
_Falleció Estela. La velan esta noche, allá en castelar. ¿Vos venis nena?
_No la conocía.
_Olga, ¿no la conocia?
_Bah, que dice pavadas, si la conocias, o no Adrián?
_ Sí les digo les miento. La habrá visto una o dos veces, pero Belena todavía era chica.. Tenía como mucho cinco años.. No creo que la conozca o que se acuerde.
_¿Era vieja?
_Viejos son los trapos nena- Olga
Me encongí de hombros. Mucha de mi ropa la guardaba en la casa de Ema, por obvias razones, pasaba más tiempo ahí que en mi casa. Así que nos cambiamos y partimos para Castelar, al velorio de una tía que nadie sabía bien si yo había conocido o no. 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Las viudas de Santo Domingo * (2)


Ya era tarde, pero como era verano, nos nos ibamos todavía cada una a su casa. Adrían vivía ahí, y no tenía problema en tenernos ahí todas las horas que nosotras querramos pasar ahí dentro.
Yo venía cansada de hacer unos trámites de la facultad y con la cabeza a mil por hora. Me había peleado con el que era mi novio. Estaba con otra. Nos habíamos puesto de novios cuando yo tenía dieciséis, ibamos cuatro años y la mitad de la relación se la paso engañandome con otras que preferí no saber sus nombres. Me sentía estúpida y abruamada. A veces, creía que lo de mis tías y mi mamá era una maldición,  la suerte de mis primos también por ende, de rebote a mi también me caía.
No tenía ganas de lebantarme ir a casa y aceptar que estaba rendida. Aceptar que no podía cambiar lo que venía predestinado para nosotros.
Mantenía fija la vista en la mesa.
Olga no habló en toda la tarde. Ya harta de que yo permanecía en mi propio mundo abrió la boca sólo para retarme.
_Deja de amargarte nena… vos no tenes nada perdido. Recién tenés veinte años, sos joven.
_ y bonita- agregó Ema
_encima inteligente- remató Ester mientras que María asentía. Olga prosiguió:
_ El tipo ese, es un tarado.. no vale la pena.
_Ninguno vale la pena- María tenía siempre esos remates.
_Pero che! No le arruinen las esperanzas a la chica que es todavía le falta mucho por vivir..
_Pero, tienen razón Adrián, ellas lo saben mejor que yo.
_No, no saben, y vos Belena dejá de amargargue, mejor que te deshiciste del salame ese. No perdes nada, claramete no valía la pena. Cambiemos de tema, sino termina mal esto..¿Se quedan a cenar?.
Yo no me quería quedar, pero todos incistieron. El problema era que ellos vivían cerca del barrio, yo no. Tenía cerca de una hora de viaje hasta mi casa. Me quedé con ellos, y se nos hizo la madrugada pronto. Cuando era así sólo ester y maría se iban a sus respectivas casas.  Olga vivía con Adrián hacía dos años, para hacerle compañía  y Ema vivía en la casa de atrás, así que era como si viviera con ellos dos. Cuando me quedaba hasta tan tarde me iba a lo de Ema a dormir. Tirabamos un colchón en el living y dormía ahí, hasta que el sol de la mañana me molestara lo suficiente como para lebantarme cambiarme e irme.
Vivir así tenía sus consecuencias. Entre peleas familiares constantes, gritos discusiones. No paraban. En mi casa, mamá no paraba de llorar y gritar. Como no quería vivir conciente sabiendo que su marido la engañaba con cualquiera en algún país de Europa, sumergía sus penas en alcohol y se volvía pequeña en algún rincón de ese departamento fantasma.
Mis tías aunque no lo dijeran, sus historias personales también las afectaban, pero siempre preferimos reirnos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Las viudas de santo donmigo (comiezo)


Había empezado a escribir para no sentirme sola en mi propio mundo, para volverlo real y poder hacer entrar a quien tuviera ganas de formar parte. Después con algo de tiempo empecé a hacerlo porque había cosas que no quería que se quedaran guardadas sólo en mi memoria, quería volverlas tangible para todos los demás. Quería contarles esa historia, que era muy mía, tanto que a veces me daba hasta escalofríos escribirla. Aún así lo hice, y terminé redactando lo peor y lo mejor de nosotros, y jamás lo saqué a la luz, bien por miedo a ser juzgados por los demás, bien por miedo a que los míos me odien.
Tenía cuatro tías mujeres con historias difíciles, yo a mi abuela no la había conocido porque falleció muchos años antes de que a mi se me diera por existir. Adrián era familiar de todas menos mío, nunca entendí por qué, ellas le decían papá pero yo no le decía abuelo, y era uno de esos capítulos sin resolver en mi vida, era de esas cosas que en mi familia saben todos menos uno, que se cuentan a las espaldas de otros, secretos internos. Que a fin de cuentas creo que en todas las familias los hay.
Aún cuando yo ya tenía veinte años y mis tias estaban pisando entre los cincuenta y los sestena y muchos las cosas no habían cambiado mucho. Seguían juntandose todos los domingos en la misma casa venida a bajo a tomar mates en esa cocina que tenía la misma decoración horrible desde mucho antes de que yo naciera. Le faltaba pintura  y claramente algo de limpieza. Las manchas de humedad habían sido testigos de miles de cosas, y los muebles viejos se quejaban de que todavía no los hayan jubilado. Siempre tenían una historia nueva que contar, nueva, tenían en su mayoría más años que yo sus relatos y los que no, no hacía falta que me los contaran. 
Muchos matrimoños para ser pocas personas, hijos que se van y no vuelven, mentiras, engaños, y miles de cuestiones que jamás fueron aclaradas, esa en sintesis era la historia de ellas. 
 Esther se había casado dos veces, y tenído cuatro hijos, que hasta donde yo se uno era hijo del primer matrimonio, dos del segundo  y el cuarto, era un misterio, era de esas cosas que cada vez que yo le preguntaba a mi primo quiern era su papá se encongía de hombros y no jugaba más por el resto de la tarde, y Adrián enojado, me decía que esas cosas no las tenía porque preguntar.
No vi más a mi primo después de que cumplió 18, y yo a penas cumplía doce. Se borró como las hijas de María, las mellizas, que nunca supimos en realidad donde fueron, sólo que ambas compartían al hombre que amaban, y él, tan amable no le quizo romper el corazón a ninguna de las dos, por eso decidió dividirse y amarlas a las dos por igual . Se fueron lejos, y no contestaron ni un llamado, ni una carta, y borraron sus nombres y no volvieron a hacerse cargo de su sangre, y su historia , como si la que vivían no era miserable y patética. Olga tuvo hijos, pero era la mayor y cuando yo nacía el más chico de sus hijos terminaba la secundaria. Se fueron a vivir al exterior los tres y solo a veces venían, y por ultimo  Ema, un solo hijo, y era peor que la maldad en si misma y nadie entendía porque. La familia le atribuía ese carácter al padre del chico. Un hombre que jamás respetó a su mujer, la golpeaba maltrataba y le hacía sentir que  no valía la pena vivir.  Vivía bajo los efectos del alcohol y otras drogas. En ese etorno creció el chico. Un día Ema, cansada de las quemaduras de cigarrillo se fue, pero su hijo no quiso irse con ella, ya era adolescente y había seguido los pasos del padre, y después de eso, Ema no quizo saber más nada de ellos.
No eran lindas historias, era verdad, pero no podía negar que eso era parte mi vida. Mi mamá Laura, era la más chica de las cinco hermanas. No se juntaba mucho con ellas porque se avergonzaba de las vidas que habían llevado, aún cunado la suya era muy parecida. Mamá se caso joven y me tuvo al poco tiempo, de hecho todos creemos que se caso por eso. Su marido era uno de los grandes empresarios de Buenos Aires, vivía estando a fuera del país , en teoría por trabajo a mi entender con otras mujeres, y por eso jamás le contestaba las llamadas y demás. Sólo mantenían la relación porque creían que era lo mejor para mi y si bien pude elegir pasar mis días entre la gente más adinerada del país decidí crecer entre mis tías y Adrían. En esa casa que a veces daba miedo, y contaba entre las gritas del cemento como a pedazos todos se fueron cayendo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

(5- fin.) Tres Coma catorce

La inteligencia que presumis tener,  tus sonrsias falsas, tu ego implacable, tus mentiras incansables. Tus historias de papel, que vuelan en el viento y se queman en el tiempo, tu verdad que nunca fue. Tu estúpida risa, que antes encontré contagiosa. Tus mirada ardiente que congela en un instante. La ironía en tu voz. Esas frases tan tuyas que al principio me gustaban y hoy me dan asco. Los abrazos rotos que compartimos, las lágrimas que hoy tenemos, cargadas de gritos, las palabras que nunca nos dijimos y hoy están de más. Porque ya no queda nada, entre nosotros dos
Del amor al odio, dicen que hay un solo paso, pero el camino de vuelta, es eterno*