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viernes, 18 de agosto de 2017

Despedida

Te pedí que me soltaras, que me dejaras ir, que si eras feliz con ella, estaba bien, pero yo no podía seguir tolerarndo estos grises, que me hacía mal. Respondiste que no podías hacerlo, que me lo habías prometido mil veces, que nosotros no podíamos estar lejos el uno del otro, que por favor no lo hiciera.
Me brotaron las lágrimas a chorros, se me destrozaba el alma, pero con toda la fuerza que fui capaz de juntar en mi interior te lo pedí por favor, te pedí que dejemos de ir a morir a los mismos lugares, los mismos rincones, las mismas ideas. Te pedí que dejaramos de enredarnos en un supuesto que no existía, enroscarnos el uno con el otro, porque ya no podía ser. Fuí capaz de escuchar como mi propio ser se rompía, y te dije que seas feliz con ella, que no seas boludo, que tenías suerte, y que te juegues a ser todo lo podían ser juntos, que no cabía lugar para nosotros, porque esto no era más que un juego al que nos acostumbramos a jugar, a vivir en el y que nos terminó conviertiendo en esto.
Te mordiste la boca y susurraste que no querías perder la amistad. No habías entendido que nosotros nunca fuímos amigos, que eramos un híbrido, que armamos a nuestra manera por querer todo y nada, por no haber hablado a tiempo. Y ahí estaba yo, cayendome a pedazos porque tenía que verte ir con alguien más, otra vez.
Te sonreí como si nada me doliera, y te pedí que dejes de ser tan boludo y vayas a ser feliz, que no hagas cagadas, que lo merecías. Mordiéndome la lengua, tragandome la angustia, sabiendo que ese era el comienzo de la despedida, del resto de la vida. La vida sin vos.

domingo, 6 de agosto de 2017

6 de Agosto de 2017

Anoche soñé con vos. Creo que tuvo que ver con que cuando charlaba con mis amigos antes emprender la vuelta a casa no pararon de nombrarte, o porque te extraño más de lo que quiero reconocer.
Sea por lo que fuere, me desperté aturdida con un nudo atragantado y unas ganas de llorar que no me dejaban respirar.
Sigo sin poder hacerme la idea, no entiendo como llegamos a esto. Estoy segura que se hace unos meses me hubieran dicho que nos convertimos en dos desconocidos habría jurado que no podrían estar más equivocados. Hace no mucho, todavía me enredaba en vos, y te reías a carcajadas.
Hace unas semanas, empezamos a perdernos, no se bien cómo pasó. Me cansé de repetir las escenas en mi cabeza tratando de entender en que momento nos soltamos y empezamos a desconocernos. Tal vez nunca debío ser nada de esto.
Hay días que creo que este es el precio que pagamos haber querido coincidir cuando no tuvimos lugar a serlo.
Hay días en los que te extraño tanto como hoy, y me come la cabeza pensar que te habrás sacado un peso de encima, que te resultó tan fácil marcharte sin mirar atrás, que nunca me quisiste ni un cuarto de lo que dijiste, o si lo has hecho se perdió hace muchísimo tiempo.
Y yo me quedé sola esperando que vuelvas.