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Mostrando entradas de abril, 2015

Subte

Sentí que algo me atravesaba, me giré desconcertada, y ahí lo ví. Alto, flaco, con un buzo con capucha, y una sonrisa pintada en la cara. No era cualquier sonrisa, era de esas que te pueden hacer enloquecer, que son tan hermosas, que realmente, perder la cordura por algo así, tendría muchísimo sentido. Era de esas sonrisas tiernas, que rozan con lo más perverso de uno. Una sonrisa, por la que valdría la pena cualquier cosa, como viajar cuatro estaciones más en el subte, para no perderla de vista. Era, de esas sonrisas, que uno no quiere dejar de ver, aunque no nos correspondan. Era, de esas sonrisas, que merecían pedirle el número de teléfono. Pero me bajé, y no me animé. Era, de esas sonrisas,  que se te tatúan en la mente, y  te hacen viajar cuatro estaciones más, todos los días.

Fin.

Agarra el celular, lo mira un rato. Está nervioso. Lo bloquea, lo desbloquea. Tuvo esa sensación horrible en el estómago todo el día, como un nudo que le subía por el esófago. Vuelve a desbloquear el teléfono. Nada. Pasaron cuatro días de la última vez que hablaron. Ella, ya no va a llamar.
Se mordisquea los dedos, y le da vueltas al tema. Trata de convencerse de que es una vez más de esas en las que le da un ultimatum y meses más tarde, lo busca. Sabe que es estúpido hacerlo, pero así es más fácil llevar el día. Así todo, más allá de lo convencido que intente estar, se le viene a la mente su mueca gélida. Se despidió sin dolor alguno. Ya no le dolería no hablarle más. Y a él le dolió no saber porque ya no tenía ningún valor para ella. ¿Cuando lo habría perdido? , peor aún, ¿Cómo?, que la habría llevado a perder todo tipo de afecto por él. Entonces recordó muchas situaciones en las que lo tendría más que justificado. Se sintió avergonzado de sí mismo.  Que crueles pueden ser los human…