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domingo, 26 de marzo de 2017

Se van los 21.

Se van los 21.
En vistas de que en los próximos días voy a estar dejando los veintiún años para recibir a los veintidós, me pareció óptimo hace como una "review" de lo que fueron estos casi 365 días de mi vida, porque este año me pasaron un montón de cosas, pero un montón posta, y gracias a todo eso crecí un montón.
A los veintiuno por primera vez me enamoré de alguien, por primera vez me vi realmente teniendo una vida con otra persona, y dejé de pensar todo en singular, pero también, a los veintiuno, me rompieron el corazón por primera vez. Sí, venía invicta, veintiún años ilesa, pero bueno todos nos comemos una piña alguna vez, y me dolió, me dolió banda hasta sentir que escupía el corazón por la boca y me arrancaban los huesos de la carne. Así todo sobreviví. Y valió la pena, me dolió hasta el alma, pero lo valió, porque en el medio, viaje, dejé gente y conocí otra. Tal vez todo esto tenía que pasar para encontrar dos amigas de fierro y un montón de gente hermosa que me ayudó sin pedir nada a cambio. Entonces, si todo esto tenía que doler para que encontrar la vida con estas personas, la verdad es que no es tan terrible. Porque a demás de eso, a través de esa experiencia aprendí a quererme más a mi misma, y que yo (y todos) nos merecemos alguien que nos quiera sin peros ni excusas. Irse porque nos queremos más a nosotros no está mal.
En estos casi 365 días de mi vida también me animé a admitir lo que tanto miedo me daba desde un principio, no me gustaba mi carrera, quería hacer otra cosa, y con todo el cagaso del mundo, y unas ganas de llorar que me petrificaban, me animé a decirlo en voz alta, y me animé después de tanto tiempo a hacer lo que tantas ganas tenía hace tanto.
También viajé, conocí lugares nuevos, visité viejos, viaje a ver a mi familia, me reencontré con primos. Recordé que tengo una  familia que vale millones, que cuando las papas queman, son el mejor equipo con el que cualquiera quisiera contar.
Aunque también se llevaron dos seres muy importantes en mi vida, mi gata primero y mi abuela después, realmente estuvieron buenos, sobretodo porque crecí un montón. Aprendí un montón. Ya no tengo miedo del paso del tiempo, espero los veintidós con ganas y expectativas, porque hoy me redescubro capaz de enfrentarme a lo que venga, porque me acordé que siempre tuve la capacidad de darme maña con lo que me pasara para sobrellevarlo. Así que al próximo año de mi vida le digo, vení que te estoy esperando ansiosa de muchas más cosas por vivir, más experiencias que me lleven más lejos todavía porque se que aunque las piñas duelan y los corazones rotos sangren, puedo con esto y con mucho más.

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