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miércoles, 8 de octubre de 2014

Ayer, finalmente después de las cuatro de la mañana logré dormirme. Me desperté dos horas más tarde. El gato quería salir, estaba demasiado despierta, temí no volver a dormir. Recién a las diez de la mañana se me cortó el sueño otra vez, ignoro porque. No me había decidido a levantarme hasta hace unos minutos. Estoy cansada, y un poco abrumada, el mal estar nocturno se fue con la oscuridad y ahora estoy sentada frente a mi computadora tratando de entender algunas cosas, pero lo único que  logro comprender es que no entiendo nada. Tengo los ojos cansados, me pesa la cabeza, pero ya no quiero seguir durmiendo, tampoco se que quiero hacer.
Debería llamar a la psicologa. Me falta valor, creo.
Hoy vuelven mis padres de viaje, no se si quiero que vuelvan. Hace dos noches tuve una fuerte discución con mi papá por teléfono por una estupidez. No quiero verlo, me molesta de sobre manera que sea tan estúpido a veces, y haga escenas tan melodramáticas de cosa tan pequeñas, y más me molesta cuando soy a la única de sus tres hijos a la que se lo hace, no quiero verlo, porque todavía sigo enojada. No quiero verlo, porque siguió buscando pelea los días que siguieron. No quiero verlo porque jamás se hace cargo de las cosas que hace mal. Otra vez no me lo estoy bancando. Prefiero cuando no está en casa, las cosas están más tranquilas, nadie me molesta. Prefiero los viajes en auto cuando no estoy sola con él, no me interesa en lo más mínimo que se la pase hablando de espiritualidad y regosijandose en "Que buena persona que soy, admírenme" cuando en su casa muchas veces, es una basura. Es muy fácil ser bueno puertas para afuera. Lo difícil es serlo en tu casa, donde te conocen bien, donde tus miserias están en carne viva.
No se que me está pasando. Quisiera desaparecer.

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