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martes, 25 de octubre de 2011

Matias II

Matias(2):
                  Me sentí perfecta. Me sentí imbencible, me sentí, capaz de ir contra todo y todos, que saldría triunfando. Me sentí, tan feliz. Porque vos lo hacias. Hacias siempre, que todo fuera mejor. Una tarde gris, y triste en la que no había hecho nada, la podias  combertir en una tarde completamente productiva. Siempre tuviste esa facilidad, hacer todo perfecto, aunque vos, nunca estuviste ni cerca de serlo.
Sí tenias una simpatía silenciosa, que se escondía bajo tu tierna timidez. Tenías esa capacidad de hacer sentir bien, muy bien a cualquiera, aunque tal vez ni lo conozcas. Creo que es por tu forma de mirar a las personas, que es dulce, y me da confiaza.
Nunca en tu presencia logre sentirme mal. Aún, en nuestros peores momentos, porque siempre conservaste la compostura en tu mirada, esa pequeña puerta a tu alma.
Siempre fuiste tan simple, que daban ganas de envidiarte un poco. Porque siempre, a pesar de tus malos días podías tranquilizarte. Porque lograste lo que nadie había logrado antes  conmigo, regalarme una fuente de felicidad absoluta, interminable. Es que las cosas más dulces que alguien alguna vez hizo por mi, las hiciste vos, con las cosas más simples, y tiernas a la vez, que me hicieron enteramente feliz.
Entonces, viendo todo esto, me pregunto ¿Por qué te dejé ir?. Y recuerdo, porque jamás logré hacerte feliz. Porque mereces alguien que te ame con la vida, y no con el alma, como lo hice yo. Alguien que sea capaz de volver real, lo que es intangible, y yo, yo jamás lo lograré.
Hasta siempre, ayer y hoy.

Violeta

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