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lunes, 27 de febrero de 2012

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No se si siempre me dio miedo la lluvia. Sí se, que ahora, sí lo hace. Al menos me pone nerviosa. No se si fue antes o después de que nos conocieramos, pero si se, que después de eso, empezó a darme un dejo de soledad. Como si me invadiera cada vez que lloviera. Supongo que es porque la lluvia, me recuerda a cuando la gente llora, como si el mismo cielo llorara, como lloré yo tantas veces que estuvimos lejos, tantas peleas, tantas divisiones, tanta distancia.
Ahora es rabia, o miedo. No se.  La gente espera que con el tiempo, se superen las cosas, uno olvide lo que le dolió, olvide un amor, olvide todo, como sí este mismo tuviera esa capacidad. Yo, ya no lo creo. A medida que pasa este, a veces creo, que la confusión aumenta, la intriga, y de alguna manera, esa nebulosa que compartimos. Esa, que es una mezcla de sentimientos que nunca pude descifrar, no sólo los tuyos, sino que algunas noches, los míos también.
Nunca supe hasta donde me perteneció todo esto. Hasta donde fuiste mío, hasta donde me pertenezco a mi misma, y cuando me perdí.
Tendría que volver tanto tiempo atrás para poder comprender, aunque sea una mínima parte, y así todo, no lograría hacerlo.

Se que era septiembre, por su particular clima. Ese momento del año, en el que no hace ni frío ni calor. Que hace una temperatura agradable, que la locura, empieza a correr por la sangre de los jóvenes, porque saben, el verano, el calor,están cerca.
Vos apareciste como si nada. Como si fuera lo más normal del mundo. Como si eso, no cambiaría para siempre mi vida.
Sonó el timbre.
_Atendé vos- Dijo mi hermano, y desganada, fui a la puerta.
_Quién es?- pregunté al protero electrico, y con tu voz tan inocente de siempre contestaste.
_Ian.
_Ahí va- Realmente, no tenía ni ida de quién eras. Siquiera me importaba. Y así, con esas mismas ganas te abrí la puerta. No se si realmente abrí la puerta de mi casa, o de mi vida, y de cualquier forma, no importa, porque de cualquiear de las dos que haya sido, entraste timidamente, con una sonrisa dibujada en tu rostro, y yo seguí sin prestarte mucha atención. Habrá sido eso,que te llevo a hablarme.
_¿Te puedo saludar?- preguntaste, con esa inocencia que siempre creí tan tuya. Me desoncertaste. Te miré. Te miré inundada de curiosidad ante tu pregunta.
_Sí hasta donde yo se, no muerdo.. todavía- Y me reí de mi misma, de mi respuesta, que a vos te dio tanta vergüenza, y empezaste a balbucear cosas, pero perferí interrumpirte, a escuchar tus excusas cargadas de incomodidad_ Sí, no pasa nada.. Era un chiste. ¿Todo bien?, los chicos están en el fondo, anda por acá derecho.
No hiciste más nada, me miraste a los ojos, como tantas otras veces hiciste, intentado comprenderme. Comprendernos, tal vez.
Nunca imagine que un simple hecho, tan pequeño, desatara semejante tempestad después, que un eterno terremoto, me até a vivir con el, que la locura, atrapara mi alma, y un amor, tan irracional como inconciente, me desarme por completo ante vos.

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