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Hace mucho no te escribo. Varios años ya de la última vez que lo hice, pero cómo siempre has sabido ver a través de mi, confío que cuando sea que encuentres esto sepas que estaba pensando en vos, y no hay otro destinatario. Fiel a mi estilo sabes que no escribiría tu nombre, ni mucho menos me atrevería a hacerte llegar estas líneas personalmente. Creo que disfrazada de un montón de cosas, acobijada en el anonimato le di un refugio a mi cobardía; pero nada de lo que quiero decirte hoy tiene que ver con eso.
A veces no recuerdo bien cuánto fue que te dije y cuánto fue que no.
Tal vez esta no sea la primera vez que leas esto, y creo que un poco vos también lo sabías.
Desde el comienzo, desde esa primera tarde que vi tus ojos oscuros esclarecerse por el reflejo del atardecer y el comienzo de lo que seríamos, lo supe. No duraría mucho y así todo, me dejarías mucho. Han pasado unos buenos diez años, creo, y aún hoy encuentro entre fragmentos de recuerdos recortados lo lindo y lo bueno que me ha dejado ese tiempo compartido, incluso cuando siempre supe, siempre supe que no sería mucho.
A veces creo que fue el comienzo de cómo mi historia finalmente cambio su curso, que fuiste quien torció mi destino para que no fuera la triste historia de cómo descendí a la locura, al infierno sin retorno, sino que me regalaste la posibilidad de elegir, me enseñaste que podía elegir, incluso cuando sabías que al final no te iba a elegir a vos. Cómo en esos libros que me contaste que te gustaba leer de chico "elige tu propia aventura", y como un amuleto de buena suerte repito ante aquellos que tienen un dilema con qué elegir con sus propias vidas.
En retrospectiva veo la cantidad de veces que intentaste que no cruzara el fuego, y me lanzara al vacío con los ojos cerrados porque por más tenaz que sé ser, primero, soy ingenua. Primero elijo creer que la maldad no habita este mundo, primero no veo a los depredadores ansiados de sangre, esperándome al otro lado de la puerta.
Te vi, tantas veces desplegar maniobras imposibles para que no saliera lastimada, para que yo misma no sea quien me destruya, te vi frustrado y triste porque sabías que no había, todavía, nada que hacer con esa habilidad que todavía no sabía ni que poseía ni que podía ser alterada. Todavía no sabía que una vida mejor me esperaba.
Creo que vos si sabías que el precio por eso sería que elija irme, elija seguir, a tropezones, remendando como pudiera mis partes rotas, perdidas que ni siquiera reconocía.
Se que parece tétrico y un poco fatalista todo esto pero también es verdad que cuando nos encontramos, cuando la vida nos cruzó yo era una bomba de tiempo. Lista para estallar. Lista para llevarme todo lo que estuviera cerca conmigo, porque no podía contener en mi interior el dolor de años acarreando tanto, en silencio, con miedo y vergüenza.
Parece que esto no viene a cuento de nada, pero si viene a colación de algo. Se que me enojaba mucho, y que también me he disculpado por eso, pero creo que nunca está demás volverlo a hacer, se que muchas veces super ser imposible y luchamos como dos fuerzas implacables de la naturaleza, vos me querías salvar de mi, y yo no sabía hacer mucho más que destruirme una y otra vez, porque seguía sin saber que alguien me podía querer sin elegir lastimarme una y otra vez. No sabía que el amor no significaba reducirme, aplastarme, pisarme, humillarme.
Puedo criticar muchas cosas de todo lo que paso pero no la dulzura con la que me quisiste y me cuidaste.
Creo que hoy vengo a escribirte por eso, porque una vez más, entre una cascada de recuerdos que se desbloquearon reconozco que fuiste uno de mis primeros refugios, uno de verdad. En donde me recibías con amor y compasión aunque muchas veces era un torbellino imparable, implacable.
Y yo que pensé tantas veces que nadie iba a poder quererme o entenderme si traía una mochila tan pesada, tanto que me doblaba el cuerpo y ya no sabía sostener, me mostraste que si merecía que me quieran, que me cuiden bien, sin un precio por pagar.
Gracias.
Un año para salvarme la vida. Un año que me cambió la vida.
Realmente, me salvaste.
Y se que a veces te pesan muchas cosas, y se que tal vez te arrepentís de otras. Fuiste todo lo que necesitaba, y por eso te estaré siempre agradecida. Incluso cuando en el destello de tus ojos esa primera vez que entendí que cómo nos mirábamos era mirarse con amor, supe que ya teníamos fecha de vencimiento.
Hay cosas que no necesitan que para haber sido increíbles, duren toda la vida, a veces lo que las hace fantásticas es el impaz que fueron capaces de crear en el tiempo.
Un año, tan bonito, que atesoro con amor y gratitud. Gracias por abrirme este camino que me permitió elegir esta aventura que hoy es mi vida.
También odio decirlo porque se te vas a regocijar en como te sube el ego saber que tenías razón, al final tenías razón, no necesito ponerle nombre porque no vale, ni se merece que yo escriba su nombre, pero como me advertiste hace tanto, sí, era una hijo de puta, sí, otra vez tenías razón. Podes regodearte en el placer infinito de saber certera tu intuición casi mística para leer a las personas; pero por más de que odie reconocer que me equivoqué de forma garrafal, siempre me gustó la forma en la que sonreías cuando te daba la razón, tal vez por eso te cuento esto, porque se que vas a sonreír arrogante, seguro, y con un dejo de compasión al final, esa que no creo que sepas que habita en toda esa mueca, pero si fui testigo muchas veces.
Prometo que voy a revisar todas las advertencias que me diste, al final tuviste razón en todas las que recuerdo. Casi casi que te diría que me da bronca, pero la verdad es que no. Nos vendría bien un poco de humildad a los dos, a mi en que no todo puede ser tan bueno e inocente como elijo creer, a vos en esa arrogancia que te queda linda pero se que has pagado cara.
En fin, creo que ya no hay mucho más para decir. Solo, me acordé de vos, y me acordé de todo esto y pensé que tal vez te gustaría saberlo, o no.
Espero que no te moleste , honestamente es lo úlitmo que esperaba o buscaba, simplemente robarte una sonrisa un instante y abrazar un segundo el cajón de los recuerdos, y volver a dejarlo donde estaba.
Espero de verdad que estés bien y a vos también te guste tu vida, que seas feliz también te gusten tus elecciones.
Supongo que nunca sabré si estas líneas te van a encontrar o no, elijo creer que si.
Elijo creer que también encontrarás la forma de hacérmelo saber, al fin y al cabo vos no sos cobarde como yo.
Nos vemos por ahí.
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