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Homónimos

Te reís. A carcajadas. Te reís tanto, que me hace cosquillas. Sonrío. Te colgas hablando de algo que no sé si tiene mucho sentido, pero como me quedé en silencio mirándote fijo seguis tu tesis sobre alguna observación extraña que se te pasó en la cabeza en ese momento. Me gusta cuando no paras de hablar de cómo observas el mundo. Me gusta cuando lo explicas así que casi puedo verlo a través de vos. Te sonrió y pienso que nunca pensé que podía sentir tantas cosas a la vez. Creo que es de esos momentos en los que soy tan feliz, que hasta puedo tocarla, como si se hubiera materializado en esta foto que podría sacar de este momento, en el que nos reímos y debatimos un poco cosas que no tienen ni sentido, ni que son relevantes, pero las discutimos como si realmente importaran algo. Hay algo en eso de discutir nimidades con importancia. En la comodidad que hallamos derivada de la complicidad. De reirnos. Nos quedamos en silencio. Creo que la felicidad se puede tocar. Que me puede trascender...

Sol rojo

La tarde que el infierno se trepó al cielo y tiñó el sol de rojo.  Supe que era un estado y un lugar. Ahí donde elegís no estar. Ahí donde la ausencia se encarna y me da caza. Arde. Todo arde. Como el fuego sobre la piel. Arde. En el alma. En tu ausencia y este infierno que se encarna ahí donde ya no estás. Arde en la memoria. Arde en el cuerpo que recuerda donde tus manos calaban mi piel. Se lo devora el tiempo. Se lo devoran las llamas del olvido. Como el fuego, se deviene en cenizas de este infierno que trepó al cielo y tiñó mi sol de rojo.

Verano

Lluvia de verano en el conurbano del enero que fue eternidad. La tarde que te vi llorar, al borde del abismo preguntaste si había más. Te respondí que los finales también pueden ser comienzos. Ojalá mañana puedas volver a empezar. Cuando el viento lave esta tormenta y las gotas tu pesar.

Cuatro de febrero

Me desperté de tu lado de la cama, desparramada. Como si dormida hubiera tanteado el colchón hasta encontrarte y quedé  al borde rendida después de hallar tu ausencia. Me desperté de tu lado de la cama y me ardió ese abrazo que me faltó en la piel esa mañana y todas las mañanas que estaban por venir. Me desperté de tu lado de la cama y recordé que ya no tenía ‘lados de la cama’ porque hacía rato que te habías ido y hace un tiempo largo que abro los ojos al borde, al final. Ahí donde no queda nada. Ni tu lado de la cama.

Remanente

Siempre me gustó mirarte cuando no sabías que lo estaba haciendo, ahí cuando estabas siendo tan vos que no tenías tiempo para notar que había alguien más. Tengo un espacio en mi mente en el que guardo todas esas muecas tuyas que hacías cuando creías que nadie te estaba prestando atención. Siempre me gustó cómo la luz del sol se proyectaba contra tu piel, y como el atardecer se mezclaba entre tu sombra y se iba escapando por la persiana. Creo que no lo sabías pero descubrí que era la felicidad en compañía de alguien más una de todas esas tardes que me reí contra tu boca mientras bailábamos en la cocina y entendí que pocas personas me iban a poder hacer sentir tan a gusto como lo hacías vos cada vez que me aferre a tu cuerpo y vos al mío y sentí que eramos parte de la misma cosa. A veces creo que no me iba a alcanzar nunca la cantidad de tiempo que compartiéramos para saciar esta sed que tenia de vos y otras creo que me lo digo solo para poder vivir con la idea de que no me hayas ele...

Las partes del todo

Nos miramos . Mucho. En silencio. No dijimos nada. Me pasaste la mano por la cintura y me acercaste a vos. Te miré cómplice. Apenas sonreímos. Nos medimos. Me preguntaste si sabía si el todo era igual a las partes o las partes eran igual al todo. Se me desconfiguró la mueca. En una carcajada ahogada te pregunté qué habías dicho. Sonreíste triunfante porque seguía al lado tuyo y me habías hecho reír del    desconcierto. No sé si las partes sean igual al todo o viceversa, si se que las luces de colores tiñeron el jardín de la casa, y que no podía prestar atención a qué tema sonaba porque estaba muy ocupada riéndome con vos. Te reíste contra mi boca y ya no nos separó ni un centímetro. Me aferré a vos como si el tiempo hubiera dejado de existir. Me volví a casa y pensé que si esto es el todo, o las partes por mi está bien, si me río a la par tuya y por un instante dejamos de ser extraños y mañana ya no nos volvemos a encontrar.

El vacío

Me preguntaron cómo me sentía, y no supe que responder, no porque no tuviera palabras sino porque no sentía nada. De nada ¿alguna vez te sentiste vacío? Yo si. He sentido cómo se me drenan todas las emociones del cuerpo, como ya no tengo capacidad de experimentar ningún sentimiento durante incluso días y deambulo por la vida como si ya nada quedara adentro mío. Hay veces que el vacío dura tanto, que nada lo puede llenar. Hay días que dudo de cómo sé sentirá estar vivo. Hay tantas cosas que nunca cuento, porque nunca quise que esto me marque, porque no quiero que la próxima vez que alguien me cruce a sabiendas de esto me mire como se mira a quien ha estado atravesado y sobrevivió a su infierno.  Yo no sé cómo sea el tuyo, pero yo conocí el mío y se que no es un lugar, es ese estado. En el que nada me llega,    y nada me sucede. El infierno es la nada que te trepa por los huesos cuando te arrancaron todo. Cuando ya no podes mirarte a un espejo sin las ganas de llorar, ...

La caída

Hace algunos años, más o menos para la el fin de la   Segunda Guerra Mundial (entre otros eventos igual de trascendentes para la historia de la humanidad) se produjo "la caída del proyecto moderno" esto en pocas palabras (y desde mi inexperto conocimiento) más o menos quiso decir que se les había roto el paradigma sobre el cual se había construido la modernidad   y en gran parte esto tuvo que ver con que aquellos valores por los que había velado la modernidad, promoviéndolos resultaron ser nada más ni nada menos que una gran decepción. Un poco porque con el espíritu con el que se fundaron no fue del todo honesto consigo mismo a la hora de configurarse, como ocurrió con la igualdad, que todos somos iguales, salvo qué algunos son más iguales que otros como bien dijo Orwell; ya que cuando este valor se levantó como estandarte existían diferencias irreconcilliables en cuanto a la igualdad entre los seres humanos. Otro poco se debió a que se tenían conceptos errados. El del ...

Todavía, después

Hoy fue uno de esos días. De esos en los que todo me cuesta diez veces más, en los que abro los ojos y siento como si el peso de mi cuerpo se hubiera multiplicado muchísimas veces mientras dormía.  Hoy fue de esos días en los que entre que me dormí y me desperté me perdí un poco. Me quedé mirando la nada y sentí el vacío. La ausencia siempre pesó mucho más por contraposición. Me pregunté qué sería esta interferencia y no supe que responderme. Un llanto de proporciones múltiples y una fuerza desgarradora trepó por mi garganta.  A veces creo que esto, todavía, es el después, que todavía siento en cuerpo y alma el eco y como rebota contra todos los lugares posibles ese dolor enorme que alguna vez me desmembró, y ese temor grandilocuente sigue reclamando su lugar.  Ya no quiero temerle a las mismas cosas, ya no quiero hacerme un bollo cuando me arda la piel y me la quiera arrancar. Quiero dejar de sentir que ni mi cuerpo me pertenece que estoy ausente dentro de m...

Después de las estrellas

Ayer me crucé a tu hermano. Estaba en un bar cenando con su nueva novia. Lo ví reírse a la par de ella y como sonreía sin prestar atención a nada más. La llamé a tu mamá y le conté que los había visto, y entusiasmada me preguntó cómo era ella. Hace unos días también pasó por casa tu viejo y mientras nos tomabamos unos mates nos burlabamos del mío. A veces es extraño pensar y saber que ya no estás. Otras me olvido que te fuiste y hago como si estuvieras viajando por algún lado, allá después de las estrellas. Hay días que me acuerdo de vos con una sonrisa y pienso que me gustaría poder mandarte un mensaje y  contarte todas las veces que vi a tu hermano y su novia, cruzarte en la parada de colectivo y que me des un abrazo de oso de esos que dabas vos y que aunque me sentía pequeña, también sentía refugio como el que solo puede dar un viejo amigo de la infancia con quién has crecido.  Hoy te escribo porque quiero que sepas que estamos bien. Que ellos están bien. Tu mamá volvió a r...

La enfermedad de los otros

Uno puede enfermarse de otredad. De tanto referenciarse en otros, escucharse, construirse, mirarse, se desvanece el yo que alguna vez existió en aquello que se le presta más importancia que al ser mismo. Yo me había enfermado de otredad. De pensar en otro que está lejos, ese otro que no tiene una figura real, palpable, sino más bien en ese otro que pertenece como a un imaginario, que nos juzga como desde una altura establecida, incuestionable. El otro inmaculado, que encarna la perfección, ese otro que no soy yo, que nunca podré serlo porque carezco de aquello que hace al otro tan otro y a mi tan yo misma. Ese otro que está como omnipresente y sabe, siempre sabe de qué manera es mejor que sea yo. La otredad se me había filtrado en los huesos y no podía no pensar en un otro que hacía cambiar mi estado anímico, que regía mi paz y mis nervios. Otro que habilitaba o reprimía mis emociones, pensamientos y espacios. Había vuelto el centro del universo a ese otro y todo giraba e...

Infierno: La noche más larga II

Primer capítulo  click acá Todo lo publicado hasta ahora lo encontrás haciendo  click acá  o bajo la etiqueta #23 en el listado de etiquetas (ahí las encontrás en el orden que fueron publicadas). Primera parte de Infierno la encontrás haciendo  click acá Les dejo la tercera parte de infierno, espero que les guste. Esa noche terminé de decantar una idea que hace rato venía amasando en mi cabeza. El infierno no es un lugar. Es un estado que transitamos como transitamos el espacio tiempo. Que sube, baja, indunda, arrasa. El infierno nos encarna, se nos vuelve parte del cuerpo, de la vida. Se materializa ahí donde las risas de mi hermano y sus amigos se apagaron durante meses y reirse parecía ridículo. Se volvió denso cuando ellos ya no pudieron nombrarlo durante años y todas las anécdotas que lo incluián fueron enterradas con él ese veitiocho de diciembre para ser arrancadas de ese agujero en la tierra algunos años más tarde, cuando no nos ardió en la memoria la ...

#23- Infierno: La noche más larga

Primer capítulo  click acá Todo lo publicado hasta ahora lo encontrás haciendo   click acá  o bajo la etiqueta #23 en el listado de etiquetas (ahí las encontrás en el orden que fueron publicadas). Primera parte de Infierno la encontrás haciendo click acá Les dejo la segunda parte de Infierno , espero que les guste.   La noche más larga La noche más larga de la existencia de la humanidad fue el 24 de Diciembre del 2011, la Navidad que tuve dieciséis años, la última que festejé con algo de ganas. Nos juntamos en mi casa. Mi mamá estuvo de mal humor todo el día porque le gustaba que viniera toda mi familia pero se enojaba porque todo no nos salía como ella quería. Éramos cinco personas desprolijas tratando de armar una decoración respetable. Salió mal. Supongo que a pesar del mal humor ella sabía que nosotros no podíamos armar las mesa de la forma que la arman sus hermanas que parecen arrancadas de salones de fiesta.   Nosotros somos un poco más rúst...