Hubo un momento de mi vida que no podía pensarme sin escribir en ningún lado. Hubo un momento en el que este fue mi refugio y yo simplemente escribía para sacarme de encima todo eso que no podía tener más adentro. Si bien me encanta que las personas quieran leer lo que escribo, no es lo que más me gusta que alguien me cuente que encontró este espacio. Acá es donde vengo a esconderme cuando la vida me pesa, cuando todo es un montón, cuando ya no sé que hacer; entonces escribo. Escribir ha sido históricamente mi cable a tierra. Escribir ha sido ese lugar donde me refugio del mundo. Me gusta que este espacio sea donde tiro botellas al mar. No espero que nadie las encuentre, tampoco que las lea, simplemente escribo para no sentirme, la mayoría de las veces, tan miserable como hoy. Hoy estoy sentada en la cocina, aguantando las lágrimas (no sé por qué si estoy sola) porque en un abrir y cerrar de ojos la vida se ha vuelto excesivamente compleja. Recuerdo la vez que un ex me dijo que yo...
Hace días que doy vueltas en círculos y me pregunto seguido qué me estará pasando qué no puedo responder la pregunta de ese rumeo sin sentido. Hubo un tiempo que escribir acá era como tirar botellas al mar, no esperaba que nadie las respondiera, las encontrara, aún así recibía respuestas. Tal vez más seguido de lo que quería, esperaba. Creo que un poco la angustia viene a cuento de haberme encontrado una vez más cuestionada por lo que escribo acá, cuando este espacio es mio y nunca se trató de un retrato perfecto, y real; sino que siempre le pedí prestada a la ficción un poco de si para construir lo que escribía, aún así cuando lo que escribiera fuera personal, porque eso es escribir para mi, un poco de ambas cosas. Esto nunca fue una crónica, una bitácora, un reflejo. Si está atravesada por como veo el mundo, no así por lo que genuinamente sucede. Así fue que una y otra vez se prestó para la confusión con más de una persona y así también me he enojado. Estoy cansada de explicar q...
He perdido la costumbre, casi por completo, de escribirte. Digo, porque acá estoy escribiéndote una vez más. Tal vez esta sea la última. Recuerdo agriamente el tiempo en el que escribirte era de lo que más hacía. También recuerdo el tiempo en el que no lo calificaba con ese adjetivo. Porque aún en ese momento no había sido capaz de entenderte como realmente lo eras. Un problema. Un problema arduo y largo con el que a fin de cuentas me acostumbré a convivir y naturalicé como a los vecinos molestos del piso de abajo que se quejan de los ruidos de vivir en un edificio. Un problema que vivía a sus anchas ocupando espacio en mi cabeza sin pagar ningún tipo de alquiler. Llegó el día, por suerte, en el que entendí que era hora de dejarte ir porque yo merecía mucho más que eso. Merecía más que migajas y desplantes. Merecía más que mensajes a la madrugada, encuentro furtivos, la sombra en tu vida. Merecía mucho más que ser tu shot de adrenalina. Tu secreto bien guardado, tu diferenci...
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