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Me senté a escribir sólo porque ya no te soportaba dentro de mi cabeza. Me daba bronca encontrarte a cada instante. No me dejas en paz. Incluso cuando sos una proyección de vos mismo dentro de mi. Me miras de reojo. Sonreís victorioso. Otra vez me llevaste al punto del desquisie. Hace más de un año que estamos así, y seguís pudiendo ganar. Te miro con odio. _Cuando me vas a dejar en paz? _Cuando sepas dejarme ir. _Ya lo hice! _parece que no. - Y se ríe entre dientes. Odio que haga esas cosas. Me enferma y quema la sangre dentro de mi, me arden las venas. De apoco fue consumiendo mi interior. Sólo me observa, pero ya no quiero que lo haga más. Me molesta. Los nervios se alojan una vez más en mi estomago. Pesan. _ Por qué no podes acostumbrarte a esto? - Y lo dice con esa dulzura tan repugnante que da unas nauseas insexplicables, mientras que sin reparse en mi reacción se sienta al lado mío y toma la mano que tengo libre. _Porque no me gusta. _pero, ¿ por qué? Eras feliz conmigo,...

8. Las viudas de santo domigo

Ese fue el problema. Al principio tu abuela, perla no decía nada. Siguió su vida como si nada y  yo seguí viendola traer a sus hijas a jugar a la plaza. Todavía María y tu mamá no habían nacido. Al poco tiempo quedó embarazada, por cuarta vez, y el tipo emezó a sospechar, pero no dijo ni hizo nada. Pasaron dos, o tres años así. Hasta que un día, tu abuela, me confesó su amor, como también confezó lo imposible que sería. 'somos un error del destino Adrián esto no puede ser. Perdoname' Lo repitió una y otra vez. Y cuando nos quisimos dar cuenta estabamos los dos entrando a mi habitación, para poder saciar nuestras incansables ganas del otro. Era normal que una mujer así buscara un escape como un engaño. Oscar no le daba ni pelota, y nuestros encuentros se empezaron a repetir. Descuído todo por mi culpa. Ahora me arrepiento. Sí no fuera por esa vez que se olvidó de ir a buscar a las chicas, Oscar jamás hubeira sospechado nada. Tu mamá ya había nacido para ese tiempo. Tenía un par...
Vos entendiste que yo no era perfecta, ni mucho menos. Aceptaste todo lo que era, permaneciste ahí cuando nadie más lo hizo. Me escuchaste gritar de furia, reirme a carcajadas y llorar desconsolada. Me encontraste en la más eterna oscuridad, en la claridad que cega, me encontraste siempre a mi misma, cuando quise dejar de serlo. Me hallaste a mi, y supiste respetar todo lo que soy, aún cuando hubo veces en las que arrazó con vos. 

7- Las viudas de santo domingo.

II Viajar en el tiempo _¿Queres saber por qué? _Sí. _¿Le preguntaste alguna vez a tus tías? _No. Se quedó callado.  Prendió la vieja camioneta de vuelta, dio una vuelta en una subida de auto  y cambiamos de dirección. _ ¿A dónde vamos?- pregunté _ A viajar en el tiempo.- Contestó con una sonrisa picara. Sabía que yo lo iba a entender. Anduvimos por una hora por una avenida bien iluminada. Llegamos a una localidad que yo no conocía. Jamás había antes estado ahí. Dio un par de vueltas, y se estaciono  en frente de la plaza principal. Bajamos. Hacía calor, aún cuando estaba bien entrada la noche.  Lo seguí en silencio.  Nos sentamos en uno de los bancos. Podíamos ver toda la plaza desde ahí. Adrián se quedó mirando el lugar con los ojos cargados de melancolía. Paso un rato hasta que abrió la boca y comenzó a contarme. _Yo no soy tu abuelo.. porque tus tías, no son mis hijas. – Lo miré sorprendida pero no dije nada. Quería que él continuara ...

6. Las viudas de santo domigo

A Adrián le encantaba manejar de noche. No se bien porque. Cuando era chiquita, me contaba historias en las que decía que cuando uno manejaba por ciertas calles de buenos aires por las noches, podía viajar en el tiempo. Siempre tuvo ese ingenio sorprendente para sus historias, y yo que permanecía todavía en la feliz infancia me lo comía con los ojos cada vez que me contaba esas historias. Un día dejo de contarlas, y al siguiente, yo dejé de pedirle que me las cuente. Cuando me quise dar cuenta, ya mis primos se habían ido lejos. Mis tías estaban deprimidas y se juntaban para reírse de si mismas, y yo, tomé un lugar en la mesa. Sólo escuchaba, y después también empecé a opinar, pero no tenía mucho que contar. Así se nos escurrió el tiempo entre los dedos, y a veces pienso que la casa esa tiene algo raro, nos hizo a todos refugiarnos ahí. A todos no. A los que quedamo, pero parecía sólo haber dos opciones. O te quedabas ahí o te marchabas para no volver nunca más, pero lejos o cerca...

5. Las viudas de santo domingo

No habíamos ido porque nos dolía que Estela (Que yo seguía sin saber quien era) se había marchado. Habíamos ido pura y exclusivamente para que después no soportar a nuestras otras tías llamando por teléfono para averiguar por qué no habíamos ido, y tratando de meter púa. Nos quedamos varias horas recostadas sobre el pasto de la plaza, ya era de noche.  Adrián venía a paso lento a donde estábamos. _Vamos?- preguntó- Ninguna contestó. No hizo falta. Nos levantamos y nos fuimos, sin saludar a nadie. No valía la pena seguir careteándola. Desde la puerta de la casa de velatorios, Yolanda nos miraba con una mueca sumamente venenosa. Yo preferí no mirarla. Mis tías eran más peleadoras que yo. Le mantuvieron las tres la mirada hasta que ella se rindió y entró. _Por suerte, hasta el próximo funeral no las vemos _ Siempre tan positiva vos Olga.. Te vas a arrugar si seguis siendo tan amarga.. _Adrián, ya estoy arrugada. Estoy vieja y no me queda mucho.. ya lo sabemos. _Tía.. ...

4- Viudas de santo domingo

_Le avisate a tu mamá nena? _.. ¿Para qué le va a avisar si ya la conoces a Laura? No se haría cargo de que la conocía.. _Ema, no seas así. Es su tía la conocía.. debería ir, respeto a la familia y al nombre que tiene. _ Pero sabes bien que su madre no se hace cargo de nada de eso. Seguro está muy orgullosa en su gran mansión con amigos de su ‘clase’ y bien se olvido de que ella creció acá. _Tema de Laura si quiere o no venir, ustedes no sean dos nenas peleandose y demuestren la edad que tienen. Al final, la nena se porta mejor que ustedes… _Adrián, ya no soy una nena.. tengo veinte años. _Para mi siempre vas a ser ‘la nena’- dijo y sonrío con dulzura. Adrián era un persona muy fría, y jamás se le escapaba el afecto. De hecho era una de las pocas veces que lo veía expresar algo de cariño. No se cuanto tardamos a decir verdad en llegar a Castelar, se que me quedé dormida en cuanto me subí a la camioneta de Adrián. Un viejo trasto, que se caía a pedazos pero que nos llev...

3. Viudas de santo domingo.

 De apoco, fuimos enloqueciendo todos un poco, aún cuando no lo quisimos ver y nos habíamos atado a la cordura como si no hubiera un mañana, ahí estabamos sujetos a la nada misma, cayendonos al abismo. Ya no había nada por lo que permanecer cuerdo, y sin embargo volverse loco no era un lujo que todos nos podíamos dar. Yo sí, sabía que si terminaba de desquiciarme iban a esconderme en algún oscuro rincón del enorme departamento que tenían mis viejos en  recoleta y cada vez que alguien  preguntara por mi contestarían que estaba de viaje en algún exótico lugar, y cambiarían en seguida de tema. Con mis tías pasamos largas tardes imaginado qué podíamos hacer por desaparecer del mundo y a la vez permanecer en el. Adrián se cansó rápido de escucharnos, y antes de que nos dieramos cuenta, un día completamente fuera de sí nos dijo que dejemos de habar boludeces, que ya estabamos grandes que si seguíamos juntando para hablar de esas cosas, él jamás volvería...

Las viudas de Santo Domingo * (2)

Ya era tarde, pero como era verano, nos nos ibamos todavía cada una a su casa. Adrían vivía ahí, y no tenía problema en tenernos ahí todas las horas que nosotras querramos pasar ahí dentro. Yo venía cansada de hacer unos trámites de la facultad y con la cabeza a mil por hora. Me había peleado con el que era mi novio. Estaba con otra. Nos habíamos puesto de novios cuando yo tenía dieciséis, ibamos cuatro años y la mitad de la relación se la paso engañandome con otras que preferí no saber sus nombres. Me sentía estúpida y abruamada. A veces, creía que lo de mis tías y mi mamá era una maldición,  la suerte de mis primos también por ende, de rebote a mi también me caía. No tenía ganas de lebantarme ir a casa y aceptar que estaba rendida. Aceptar que no podía cambiar lo que venía predestinado para nosotros. Mantenía fija la vista en la mesa. Olga no habló en toda la tarde. Ya harta de que yo permanecía en mi propio mundo abrió la boca sólo para retarme. _Deja de amargarte n...

Las viudas de santo donmigo (comiezo)

Había empezado a escribir para no sentirme sola en mi propio mundo, para volverlo real y poder hacer entrar a quien tuviera ganas de formar parte. Después con algo de tiempo empecé a hacerlo porque había cosas que no quería que se quedaran guardadas sólo en mi memoria, quería volverlas tangible para todos los demás. Quería contarles esa historia, que era muy mía, tanto que a veces me daba hasta escalofríos escribirla. Aún así lo hice, y terminé redactando lo peor y lo mejor de nosotros, y jamás lo saqué a la luz, bien por miedo a ser juzgados por los demás, bien por miedo a que los míos me odien. Tenía cuatro tías mujeres con historias difíciles, yo a mi abuela no la había conocido porque falleció muchos años antes de que a mi se me diera por existir. Adrián era familiar de todas menos mío, nunca entendí por qué, ellas le decían papá pero yo no le decía abuelo, y era uno de esos capítulos sin resolver en mi vida, era de esas cosas que en mi familia saben todos menos uno, que se cu...

(5- fin.) Tres Coma catorce

La inteligencia que presumis tener,  tus sonrsias falsas, tu ego implacable, tus mentiras incansables. Tus historias de papel, que vuelan en el viento y se queman en el tiempo, tu verdad que nunca fue. Tu estúpida risa, que antes encontré contagiosa. Tus mirada ardiente que congela en un instante. La ironía en tu voz. Esas frases tan tuyas que al principio me gustaban y hoy me dan asco. Los abrazos rotos que compartimos, las lágrimas que hoy tenemos, cargadas de gritos, las palabras que nunca nos dijimos y hoy están de más. Porque ya no queda nada, entre nosotros dos Del amor al odio, dicen que hay un solo paso, pero el camino de vuelta, es eterno*
Sí no tuvieras corazón ¿aún así me amarias? Sí me hallara tan lejos que jamás me encontraras, ¿seguirias recordandome?, o sólo vivis de lo que ves, de lo que tocas, de lo que encontras en mi. A veces creo que tengo tu cariño porque buscaste lo que no existe y te aferraste a la mentira que pretendes que sea. Otras veces creo que tal vez me amas a mi por mi misma, porque no soy ni una mínima parte de todo lo que soñaste que sea. Creo que pretendes la perfección en mi humana condición, y me suena tan irónico. Me resulta estúpido. Presumis tu preponderante inteligencia y no sos capaz de entender algo tan simple.
Me acostumbré a tenerte lejos, de una forma tan retorcida que tu presencia me molesta, prefiero no tenerte nunca a tenerte un invisible instante que me deja la garganta seca, inundada de más ganas de vos. Nunca es demasiado, nunca si estas vos ahí, nunca si en tus brazos me río, si vos me cuidas, si con vos sucede todo y el mundo es tan ordinario cuando no estas. Yo no creo en el amor, pero creo firmemente que si existiera sería así. La felicidad apollada firmemente en la tuya, sin egoísmo alguno, solo con tu sonrisa, solo en la hermosa sinfonía de tu risa, en tus ojos cargados de una sonrisa muda, que no hace falta decirnos nada. Permanecemos en silencio, mirándonos el uno al otro, porque incluso las palabras entre los dos están demás, son tan pequeñas que no servirían de nada. Me tomas entre tus brazos, me volves prisionera, y no me siento carente de libertad, sino más bien, en el máximo esplendor de ella, cierro los ojos, y me dejo ir porque el universo está en calma absoluta si...

Suicidio*

Permanece a oscuras, así lo prefiere cuando se haya a si misma en ese estado. Sus manos al rededor de su cabeza, hacen presión sobre esta misma. Se muerde los labios con violencia, casi que rompe su propia piel, su sangre ansiosa espera la libertad. Está en cuclillas, en el mismo rincón de siempre, en ese en el que ni una gota de luz es capaz de llegar. Cierra los ojos aún con más fuerza. Las lágrimas ruedan por su rostro. Se le altera la respiración. Un grito ensodersedor rompe su garganta. Ya no soporta ese estado de insertidumbre, en el que la ignorancia se volvió su mejor amiga, pero ya no importa. Porque deja todo atrás. Quiere dejar todo atrás. Quiere que los días infinitos se acaben de una buena vez. Quiere irse. Debe irse.  Sonrié feliz. Sabe que está todo a punto de terminar. Sabe que no va a volver, y mira. Mira su oscuro entorno, y se descubre sola. Sola como siempre lo estuvo, porque jamás nadie supo llegar a ella, pero esto, ya no la atormentaría otra vez. Esas ideas...

(4)

Estoy cansada de escuchar tus quejas estúpidias, vacías, sin sentido. Te quejas de nada. Del aire, porque está, de la nada porque existe, de vos porque permaneces acá. ¿Por qué no te vas entonces?, ¿Por qué permaneces a mi lado, si odias la idea? , y no respondes. La ironía pinta tus palabras, y ya no quiero seguir escuchandote, no son más que porquerías lo que decis. Después preguntas por qué me habré cansado de vos. Recriminas que esté encerrada en mi misma.. ¿Acaso los dos no hicimos lo mismo?¿ Yo en mi y vos en vos mismo?. Cada uno en su egoismo, y creimos (¡Ilusos!) todo lo contrario. ¿Cómo ibamos a saber amar si no nos amabamos a nosotros mismos? Sólo nos escuchamos, pero no nos amamos, odiamos lo que somos, y te odio por eso, por ser todo lo que soy y por volverme tan transparente a la hora de verme.
''El día que una mujer puda amar con su fuerza y no con su debildiad, no para huir de sí misma, sino para encontrarse, no para renuncair sino para afirmarse ... etnonces el amor será una fuente de vida no un mortal peligro''   Simone de Beauvior
_V ivimos tiempos de locos Alan. _Esa no es razón suficiente para que te sumes a su locura. _Pero tampoco lo es para quedarme fuera del sistema, lo sabes. Hoy en día o formas parte, o no sos nada. Ya no es como solía ser allá hace muchos años, hoy somos la sociedad de la imagen, todo vale lo que un instante y duras lo que los demás vean. No podemos ir en contra de eso, no me podes hacer salir de eso. Como tampoco vos podes salir. _Sí que se puede Iris.. Hay que hacerlo. _Es una locura. _Después de todo, ¿No dijiste vos que todos lo estabamos? _Sí… pero, es distinto. _¿ Por qué? _Simplemente lo es... _Si es una locura, y estamos todos locos.... _No, vivimos tiempos de locos. En los que la violencia es lo más cotidiano, y la seguridad una utopía de la sociedad. Donde el homicidio es la moneda común y matar al de al lado lo mejor. _Tiempos de locos. Me quedé callada al lado de él. Si bien, Alan tenía unos pocos años más que yo, siempre se sorprendía al escuchar las...

La resistencia

Te acercas a mi, sin ningún tipo de respeto. No te importa que me pongas nerviosa, es más a veces creo, después de todos estos años que lo disfrutas. Me miras cuando me sonrojo, sonrío y miro hacia abajo. Una ricita simpática huye de tu boca al verme morderme con nerviosismo los labios. Tu mano termina en mi mejilla, obligándome a mirarte a los ojos. Siempre los encontré más dulces que la miel, profundos como un océano y cargados de eso, que te vuelve tan vos mismo y no tiene descripción alguna. No hace falta que digas nada. Nunca lo hizo. De hecho, creo que sos de esas personas que las palabras no le hacen falta, que en un mínimo gesto, expresan todo. Sonreís con dulzura, y me miras esperando. Mi respiración se acelera a cada segundo que pasa y temo que mi corazón rompa mi pecho, y solo puedo continuar mirándote a los ojos. Tu otra mano, se aloja en mi cintura, y comienzo a creer que la cabeza me va a estallar. Estas tan cerca y tan lejos a la vez, y no paro de pensar en nada. Cad...

(3)

Y ella, ella ya no quiso mirame nunca más a los ojos. Todavía a veces cuando la cruzo percivo el desprecio en su mirada. Ya no me quiere cerca de ella, y encuentro tan infinitamente lejanos los días en los que nos reimos a carcajadas juntos, y el tiempo había perdido importancia- Ahora, ahroa somos dos extraños. Camina a mi lado, y no pronuncia ni palabra, ya los suspiros no escapan de su boca insinuandome que espera que le diga algo. Simplemente, mantiene la vista al frente. Ninguna excusa es lo suficientemente fuerte como para llamar su atención, mucho menos conseguir que su voz suene por mi. Estoy tan cansado de esto. De ser simplemente nada al lado de su presencia, de no conseguir ni una mirada de reojo, y es que necesito (tanto necesito) que con esa dulzura tan suya se enriede en mi cuello y poder entre mis brazos aprisonar su cuerpo. Quiero volver a sentir esa paz que solo ella me da... pero ella, ya no esta, y el invierno, se tornó eterno, no deja de llover. El viento me robó ...
No escribo no porque no quiera, sino porque no se como explicar todo lo que me haces sentir. Las palabras me parecen demasiado ordinarias para otorgarles el derecho de trasmitir semejante sentimiento. Son tan pequeñas, tan escasas, que no logró que digan todo lo que quiero decir.