Corriste, al ritmo del viento, llenando tus zapatillas blancas de tierra seca colorada. Corriste hasta que los músculos de las piernas ardieran y el aire en tu pecho te aplastará. Corriste, con una sonrisa estampada en la cara que nadie podía borrar. Corriste mientras tu infancia corría a tu lado escapando, huyendo, queriendo permanecer, donde ya no te quedó nada más de niño, y antes de tiempo te tocó crecer.
Soltas el aire lleno de humo y sonreís. Me quedo mirándote un rato. No quiero olvídame de esto. Tampoco quiero que te olvides de mi. Quiero que tus sentencias de carcajadas en los ‘¿Cómo podría olvidarme de vos?’, sean ciertas. Quiero que vos también me guardes en tu memoria y en vestigios de noches pasadas me veas en las muecas que hago y en cómo se me desafina la voz cuando estoy divertida. Quiero que sea verdad que mi risa te hace cosquillas y que tengas tanta ganas como yo de que esto perdure. Quiero que quieras aferrarte a mi recuerdo en el presente, que quieras una continuidad casi inmortal de secuencias cotidianas. Quiero que quieras un presente continuo que se le desdibuje un poco el resto de la temporalidad existente. Quiero con vos un montón de cosas. Quiero que vos las quieras conmigo. Quería. Todavía quiero en realidad, pero es de madrugada y no estás acá. Me pregunto si en las madrugadas vos también te acordas de mi. Ojalá que si.
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