Este es uno de los momentos en los que lo necesito conmigo, no para explicarle que me pasa, sino para simplemente abrazarlo y llorar. Porque lloro y purgo una pena, y una despedida que hasta este momento, no era conciente que necesitase lavar. Lloro, y sufro, porque se que esta vez, realmente es un hasta nunca y no un hasta luego. Porque reconozco que, ya no nos une nada, y que de la misma forma que nos desarmamos a nosotros desarmamos muchas cosas incluyendo esa torcida amistad que tuvimos. Lloro, porque se me rompe el corazón en mil pedazos, por lo que alguna vez, te amé.
Soltas el aire lleno de humo y sonreís. Me quedo mirándote un rato. No quiero olvídame de esto. Tampoco quiero que te olvides de mi. Quiero que tus sentencias de carcajadas en los ‘¿Cómo podría olvidarme de vos?’, sean ciertas. Quiero que vos también me guardes en tu memoria y en vestigios de noches pasadas me veas en las muecas que hago y en cómo se me desafina la voz cuando estoy divertida. Quiero que sea verdad que mi risa te hace cosquillas y que tengas tanta ganas como yo de que esto perdure. Quiero que quieras aferrarte a mi recuerdo en el presente, que quieras una continuidad casi inmortal de secuencias cotidianas. Quiero que quieras un presente continuo que se le desdibuje un poco el resto de la temporalidad existente. Quiero con vos un montón de cosas. Quiero que vos las quieras conmigo. Quería. Todavía quiero en realidad, pero es de madrugada y no estás acá. Me pregunto si en las madrugadas vos también te acordas de mi. Ojalá que si.
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