Me mirás y esperas que te crea una vez más. Está bien, yo siempre creí
tus mentiras, siempre creí que podrías salvar mis maravillas en llamas en lugar
de incinerarlas, pero, ya ves, hoy por vos, no queda nada, así que me parece
razonable pedirte que no esperes que suceda nada asombroso, pero, sin embargo,
no te moves de donde estas. Permaneces inmutable, como una roca, como siempre y
tan ingenua como siempre, espero que cambies esa actitud que a veces odio tanto.
Seguís mirandome, ya no se que esperas de mi, ni siquiera se que espero de mi
misma. No se porque siento vergüenza estando
parada al lado tuyo. Vergüenza de mi misma, de lo estúpida que puedo llegar a
ser, más cuando estas cerca. Cuando juras quererme con todo lo que no sos, y me
miras … y esperas que te crea una vez más.
Soltas el aire lleno de humo y sonreís. Me quedo mirándote un rato. No quiero olvídame de esto. Tampoco quiero que te olvides de mi. Quiero que tus sentencias de carcajadas en los ‘¿Cómo podría olvidarme de vos?’, sean ciertas. Quiero que vos también me guardes en tu memoria y en vestigios de noches pasadas me veas en las muecas que hago y en cómo se me desafina la voz cuando estoy divertida. Quiero que sea verdad que mi risa te hace cosquillas y que tengas tanta ganas como yo de que esto perdure. Quiero que quieras aferrarte a mi recuerdo en el presente, que quieras una continuidad casi inmortal de secuencias cotidianas. Quiero que quieras un presente continuo que se le desdibuje un poco el resto de la temporalidad existente. Quiero con vos un montón de cosas. Quiero que vos las quieras conmigo. Quería. Todavía quiero en realidad, pero es de madrugada y no estás acá. Me pregunto si en las madrugadas vos también te acordas de mi. Ojalá que si.
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