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jueves, 1 de diciembre de 2016

Después del impacto

Pensé que la angustia me iba a matar, o que me iba a morir llorando, porque las lágrimas se me seguían escapando de los ojos aún cuando no quería que sucediera, creí que un mal estar así de profundo no iba a terminar más.
A pesar de mi pronostico para la situación con el correr de los días y después de la purga que logré hablando con diferentes personas, me pude sentir un poco mejor. Dejé de llorar todo el día, me levanté de la cama, y aunque todavía me dolía era de esos dolores que te permiten seguir con el día, aun cuando puede costar mucho.
Sumida en todo eso, no había sido capaz de ponerme a pensar que por más de que doliera esto era solo un comienzo, y esto había sido nada más ni nada menos que la fuerza del primer impacto, ahora venía todo lo demás.
Ahora venía la ansiedad, las preguntas sin resolver, y las miles de situaciones hipotéticas que mi cabeza era capaz de reproducir, para bien o para mal. El problema con mi cabeza y conmigo es que no nos llevamos bien, así que cada dos por tres cuando más distraída estaba, más se le daba por torturarme. Me descubrí despertando alterada una y otra vez de diversas pesadillas, o al borde de las lágrimas cuando me desconcentraba a raíz de las imágenes que no paraba de reproducir delante mío.  Este es el después del impacto, esto es tener que ver como uno se maneja después de que está todo dicho, de cuanto puede o no creerle al otro, esta es la fuerza con la que golpea todo lo que el otro nos lastimó. Acá está la información ya procesada, ya digerida haciendo estragos dentro de uno. Acá es cuando uno decide cuanto aguantar, o abortar la misión, porque hasta ahora uno no es capaz de dimensionar con los daños que nos dejaron, ni que tanto nos demolieron las estructuras y que tanto peso son capaces de soportar de aquí en más.
Acá y ahora, después de hacer un recuento de daños, es cuando se define.
Este es el después del impacto.

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