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lunes, 24 de octubre de 2011

I

A vos, que no sos ni fuiste ni nunca seras, lo que jamás soñaste:
                                                                                                A veces me pongo en tu lugar. Sí en el tuyo. Que dificil ha de ser vivir queiendo entera a una  persona dividida, que con  el corazón quiere a alguien y con el alma, ama a otra. Con lo que le queda de alma mejor dicho, porque hace tiempo que se la robaron, se la arrancaron.  Sí se la arrancaron. Contra su voluntad. Un amor tan fuerte como un huracán se lo robó sin piedad alguna, y lo acobijo, lo  cuido, y le dio lo que jamás le habían dado. Lo trató como si fuera parte suya, entonces decidio nunca volver.
Sí, a veces pienso en vos un poco. Sólo un poco. Lo suficiente para sonreir un rato, para que dentro de mi mente, no te sientas ignorando. Y pienso. Pienso como fue que justo vos fuiste a dar conmigo. Como fue que los caminos se cruzaron de esa forma.
Ahí es cuando vuelve a mi mente una tormenta de recuedos, frios recuerdos, como el día que nos conocimos. Así de frios. Casí helados. Me acuerdo que tenía frio en la nariz, aunque no es un gran detalle, poque siempre tengo frío en la nariz. Estabamos los dos ahí parados, espeando que llegara el colectivo. Yo tenía que volver a casa, vos.. no se.
La media hora que esperamos los dos ahí, se hizo un silencio entre los dos. Creo que el tiempo y el lugar nos encontró a ambos, pero vos no me querias encontrar. Ni te mosquiaste cuando te pregunte algo tan simple como la hora. Entonces, nos quedamos ahí. Inmerso cada uno en si mismo.
Al rato vino el 160 y nos subimos los dos, habia solo dos asientos vacios. Dudaste antes de sentarte al lado mio, al final, lo hiciste.
Los diez minutos de viaje, hablamos como dos extraños que se conocen de viajar todos los días juntos, y al llegar a la parada que estaba enfrente del nacional, los dos nos bajamos.
Creo que no fue coincidencia, creo que alguien nos puso ahi por la misma razón, incluso, caminaste dos o tres cuadras más conmigo.
Recién al llegar a la esquina donde nos dividimos revelaste tu identidad. Me contaste que te llamabas Martín, que vivias ahí a unas cuadras, y que habías egresado el año anterior del colegio 'ese que esta acá a unas dos cuadras'. No estabas orgulloso de haber ido ahí, por eso, jamás dijsite su nombre. Nos dividimos, y yo, me fui por mi lado, vos por el tuyo.
Siempre hicimos lo mismo, cada uno por su lado. Porque eras muy frio, o muy oruglloso, o porque ambos eramos un poco así.
A veces me pregunto porque ellegamos al punto que llegamos. A odiarnos y fingir querernos. A estar presos de una rutina que vos odiabas y yo amaba. Porque, a mi me gusta la rutina. Siempre y cuando la arme yo, y vos la odias. La odias de la misma forma que odias esas cosas mias, esas cosas que me vuelven 'tan yo misma' que las odias con tu alma, porque te hacen quererme, quererme más de lo que alguna vez pudiste admitir.

Violeta.

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